que cuando busque
tus recuerdos
en los cajones
de la mesilla de noche
me quede
con las ganas
de encontrarte
enredada
entre las sabanas
que nunca
quise
que dejaras.
No puedo
asegurar
que vaya
a rendirme
ante el papeleo
que me trae
el abogado
que escondes
entre
cada pestañeo.
Quién dice
que salir
del encierro
de tus piernas
es tarea
de tontos
y
asegura
que los acordes
de tu guitarra
no son
magia.
Magia de tus ojos
y tus besos...
María Rico
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