No más lenta
que el rasgueo
de las cuerdas de una guitarra
milenaria,
ni mas seca
que los besos de hielo
de madrugada.
No más sucia
que tu mirada
después de dos copas
y un roce de palabras,
ni más cuerda
que tus piernas
bien atadas.
No más dulce
que tu espalda
arqueada,
ni mas loca
que las notas
de un pianista
por tus bragas.
No más vista
que los ecos
de tus pasos,
ni más regia
que ese punto
de tu almohada.
Y yo
escribiéndote poesía…
Y tu robándome
tiempo y coordenadas.
María Rico
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